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Cross de Itálica: Mucho más que una competición

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PobreEl mejor 

Amigo Toni, ¡gracias por ser como eres, por ser ejemplo!

Por Julio Torrecilla Martínez

El Cross Internacional de Itálica es uno de los grandes del calendario IAAF Cross Country. La organización es extraordinaria y el histórico lugar donde se celebra, Santiponce, imponente: el conjunto Arqueológico de Itálica, el asentamiento romano más antiguo de la península Ibérica fundado en el año 206 antes de C. por el general Escipión, para establecer en él a los soldados heridos en la lucha contra los cartagineses.

Dedicatoria de Antonio Abadia al CA Cuenca

Durante años ha sido considerado el mejor del mundo y hoy, aunque por puntuación le superen, eso no es suficiente para desalojarlo de ese pedestal. Porque, por poner un ejemplo, ¿cómo se puntúa que la organización ponga los medios para que los mejores atletas de España y del mundo estén accesibles a quienes desean estar junto a ellos?

En enero de 2007 asistí por primera vez al Cross de Itálica por iniciativa de Alberto Fernández Gil, entonces nuestro entrenador en el Casas Colgadas. Nos fuimos a  Sevilla con Sonia Plaza, del C. A. Cuenca, y  Roberto Illana, Daniel Torrecilla y Fran Iniesta del Casas Colgadas. Los cuatro competían en Itálica ese domingo, pero previamente, el sábado por la tarde, Alberto pegó un telefonazo a “Tete” de la Ossa, que estaba alojado por la organización en el hotel Abba Triana junto al resto de atletas importantes. Nos presentamos allí, estuvimos y nos hicimos infinidad de fotos con los mejores de España, receptivos siempre, -el Tete, Chema Martínez, Ricardo Serrano- y también con los etíopes Haile Gebreselassie y Kenenisa Bekele, los dos mejores atletas de la historia.

A la salida del hotel, ya echada la noche, pletóricos por lo vivido, mi hijo Daniel me dice, “papá ¿cómo crees que quedaremos mañana?” “Pues hijo, hay mucho nivel, están los portugueses y casi toda España; sois buenos y yo creo que sobre el octavo y el décimo podéis estar y sería magnífico” le contesté. La respuesta de Daniel me quedó grabada “pues tengo la sensación que ya hemos ganado nuestra carrera”.

Lo que ganamos esa tarde son unos recuerdos para la historia; una borrachera de satisfacción imborrable que estará siempre con nosotros. Y no  me cabe la menor duda que ese estado de euforia acopiado junto al Puente de Triana fue el detonante para que al día siguiente, en la carrera, Roberto y Daniel hicieran historia en categoría juvenil con un doblete monumental, por delante de los mismísimos Kevin López y el júnior mundialista Sebastián Martos Roa. Y como colofón, Sonia segunda clasificada en el Cross Popular ni más ni menos que junto a la etíope Marima Denboba. Volvíamos a Cuenca eufóricos, con tres platos de reconocimiento y la sensación de que podíamos competir con los mejores, como así fue en los años siguientes.

He vuelto a Itálica este año con 65 personas, entre atletas y padres. Es ya la cuarta vez. De la participación y resultados de nuestros atletas ya ha quedado constancia, pero no del otro Cross, tan importante o más que aquel: el de la convivencia y la armonía, el de la concordia y la relación, el de la amistad y el afecto, el de la ilusión y el delirio, el de la euforia y el optimismo, el de estar junto a los ídolos, compartir con ellos…. cumplir un sueño. Ese sueño, ese ídolo, el que tantas veces he puesto como ejemplo de compañerismo, de amistad, de deportividad, de atrevimiento, de competitividad, de garra,… se llama Antonio Abadía Beci.

Conocí a “Toni” el 6 de marzo de 2005, en el Monte do Gozo de Santiago de Compostela durante la disputa de la carrera cadete del Campeonato de España Escolar de Campo a Través. Minutos antes conocí a su madre, Juani, que deambulaba nerviosa como yo por el centro del circuito a la espera de la salida de la carrera de su hijo, que corría con Aragón. Hablamos unos minutos y cuando empezó la carrera el uno al otro nos indicamos quienes eran Antonio Abadía y Daniel Torrecilla. El desarrollo de la prueba nos trasladó alegría y sufrimiento a ambos. Alegría porque Toni iba muy bien vuelta tras vuelta hasta finalizar en una magnífica tercera posición. Sufrimiento por el calvario que Dani estaba pasando hasta llegar a detenerse para recibir el aliento que le empujó a terminar el 120º, pero terminar.

En un momento en el que mi abatimiento por el sufrimiento de mi hijo era elocuente, Juani me dice: voy corriendo a ver a Toni para que no comprometa con nadie su chándal porque lo tiene que cambiar con Dani, nos vemos en el pódium. Entre asombro y perplejidad busque a mi hijo para darle ánimos y contarle lo sucedido. Incrédulos los dos, fuimos hacia el pódium y, cuando acabaron los honores, Juani se acercó y nos presentó a su hijo, al que ya le había contado lo sucedido en la carrera a Dani. Se intercambiaron el chándal allí mismo y Toni le dijo a su madre, “mamá, no se te ocurra lavar este chándal porque aquí está el sudor producto del esfuerzo y sufrimiento que él ha pasado”. Este suceso ha sido lo más valioso que me ha dejado el deporte, infinitamente por encima de medallas y trofeos; el momento más importante de amistad, deportividad, compañerismo y solidaridad que me ha pasado en el deporte.

Ha ido pasando el tiempo, he disfrutado pódium con los dos juntos, viendo a Toni Campeón de Europa, Olímpico, disfrutando de sus éxitos. Nos hemos visto muchas veces, la última el otro día en Itálica. Fue el sábado por la tarde, en el circuito. Yo estaba al teléfono hablando con Dori, que me contaba el carrerón y la marca de Pablo en Campo de Criptana. De repente  vienen los chicos gritando, ¡Julio, Julio,… que viene Toni Abadía! Ante el revuelo que provocaron tuve que dejar la llamada, imposible atenderla. Me encontré con Toni y tras el abrazo de rigor me preguntó por Dani, lo primero, como siempre. Estábamos rodeados por todos mis atletas, enseguida me aparté dejándole solo con ellos, para que lo disfrutaran.

Durante muchos minutos aguantó carros y carretas, besos, abrazos, fotos con niños y padres, autógrafos,… Pensando que ya tenía que estar harto le digo, “Toni, a ver si tienes cosas que hacer y te estamos entreteniendo” “No, no Julio, tranquilo” contesta. Vuelta e empezar: selfies, fotos para Instagram, contactos, dedicatorias, y hasta cánticos de ¡Ay mi Toni! con Julio “El Coplas”, su guitarra y todos acompañando.

Cuando ya parecía acabarse el homenaje que los chicos se estaban dando, le veo quitarse el pantalón de chándal para ir a entrenar con ellos. ¡Lo que les faltaba! ¡Estaban entrenando con Toni Abadía! Rodaron, hicieron series en la recta de salida, estiramientos,… el festín de los chicos parecía no tener fin. Cuando ya terminan el entrenamiento, se acercan todos hacia dónde estábamos situados y me dice Toni, “Julio, quiero decirles unas palabras”. Sin dar crédito a lo que estaba pasando le respondo “lo que tú quieras Toni”.

Los reúne, espera a que lleguen todos y comienza la charla. “Me llaman para dar charlas pero con vosotros me llama más por la amistad que tengo con el Club, porque a muchos de vosotros os tengo vistos de otras carreras y alguno ya se ha ganado un espacio aquí. Simplemente deciros que el agradecido soy yo. Tengo 26 años, ya llegaréis a esa edad y sabréis que lo importante no es lo que hayáis ganado en carreras, lo que hayáis conseguido, sino simplemente lo que hayáis disfrutado. Yo con vuestra edad conocí a Dani y a Roberto Illana, dos personas con las que siempre he tenido una grandísima  amistad y es con lo que me quedo siempre, es la verdadera esencia del atletismo. Yo dejaré el deporte y no me acordaré de una carrera en la quedé campeón de España, o la que no; me acordaré de toda la gente que he cogido en este deporte. Por eso os digo, quedaros con la amistad que tenéis y no la perdáis. Tengo grandes recuerdos de Cuenca.  Me lo he pasado genial con vosotros y os deseo mucha suerte para mañana. Un aplauso para todos vosotros.

Al día siguiente se celebró la competición y nuestros chicos y chicas hicieron grandes carreras, por encima incluso de lo que se podía esperar. Y como diez años atrás, la euforia, calzada con zapatillas de corredor, estuvo presente sobre un paraje mítico. Y no estaba sola, la acompañó  la valentía, el atrevimiento y el desparpajo. Como el de Antonio Abadía Beci.